En un primer momento no vemos bien. Algunos contornos superpuestos a otras figuras aun más oscuras e imprecisas. Hace frío pero es soportable. No estamos cómodos, se siente el cansancio en los gestos. Tampoco estamos solos, pero eso está en duda.
Transcurren varios minutos, quizás unos años, no lo sabemos (nadie lo sabe). Se oyen ciertos ruidos, por así decirlo, algo similar a un eco (aunque todos estamos muy quietos, ¿que sonido podría estimularlo?).
Hasta que, lentamente, con una suavidad que nos parece algo excesiva, comienza a dibujarse un triángulo (perfectamente escaleno, recordábamos tiempo después, en otra oscuridad tal vez distinta) de una luz muy tenue, apenas perceptible.
Pero ahí está, la posibilidad en toda su crudeza.
Inmediatamente, la certeza de la próxima (la misma) angustia.
O la desesperación de no poder regresar.
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Ay, me dio angustia lo del triangulo.
Siempre es triste no poder regresar, pero de eso se trata la vida, de una suma de abandonos.
Que estes bien.
Angie
La insignificancia del ser o de cada pasaje (angustia) por la vida. Para mí el escaleno eterno es el orquestador del ciclo sin fin, voluntario o involuntario (nadie lo sabe)… planeado o aleatorio…
Gran post!
Saludos desde Lima!
Galileus.
Ángel, paso a desarte lo mejor para estas Fiestas y me llevo este texto redondo, que me deja con ganas de seguir leyéndote, como siempre.
Un abrazo!
te deseo como Estrella: Feliz Navidad!!!
y ahora feliz año nuevo!!!!!