Un instante nunca permanece aislado, ni en la más bella abstracción del consuelo matemático.
Por eso, persistimos en el intento de fundir ese momento en una melodía con la obstinada ilusión de retenerlo.
Sucede que en (contadas) ocasiones esa melodía vuelve con otra textura: el recuerdo permanece, nosotros ya no podemos entenderlo:
Advertisement