Esa historia, falsa, que nos repetimos varias veces, cuando nada es lo que parece, para convencernos y seguir adelante, siempre adelante, como si allá, más lejos, en el futuro, algo bueno, o al menos algo mejor, nos estuviera esperando.
El instante eterno, que transcurre entre esa pregunta y el silencio (o entre el deseo y la indiferencia).
Un espacio en blanco, entre palabras de aliento.
Tu mirada de entonces que disimulaba el asombro pero no el desprecio.
Aquella melodía, ese aroma o cualquiera de nuestros secretos.
La imagen que tal vez sea tu rostro, reflejado en millones de cristales de arena (dispersos en mis recuerdos).
La distancia, el olvido, la vida que nos golpea.
El día en que todo cambió (o en el que todo se perdió).
Siempre el mismo sueño (que nunca cesa).
Todo es un sutil engaño, la puesta en escena de nuestros más profundos anhelos.
Pero, sin embargo, todavía espero.