Un poco de Gabo

Estoy terminando la lectura de:

Es cierto, soy parte de la multitud que volvió a este gran autor por la densa, y hasta melosa, campaña publicitaria montada con motivo de los 40 años de la publicación de, justamente, ese libro. ¿Y qué?En realidad, esta es la segunda ocasión en que leo esta gran novela. Y vale la pena la redundancia. Se sabe: las lecturas nunca son las mismas a lo largo de los años -sé que es válido decir también que los libros no cambian, claro, mas allá del amarilleo de las hojas, si no que somos nosotros los que mutamos nuestra precaria percepción, amén de presentar una plétora de síntomas de decrepitud intelectual-, pero más allá de esto, leer las peripecias de estos personajes, que inevitablemente se confunden por la repetición permutativa de sus nombres, es un deleite muy particular.

No es necesario aclarar que mis críticas literarias, muy elementales por cierto, producirían por lo menos escozor a cualquier hijo de vecino. Por eso, esto no es más que un intento de compartir algo que me gusta, la literatura, con gente que tal vez necesite canalizar sus cuitas de la manera más vergonzante y a la vez más gratificante: evadirse un momento de “lo cotidiano”.

Pero para que todo el mundo se quede en paz con su propia conciencia aquí les dejo un tip (birlado al maestro Tomás): se puede dejar la tele en funcionamiento, en plena transmisión de su programa favorito (pongamos por caso “Bailando por un sueño”), siempre y cuando se tenga la salvedad de anular el volumen del aparato (no del que tiene a su lado, claro, si no el otro, un poquito más cuadrado, de adelante) y leer en perfecta armonía con el feng shui.

Como saludo final les dejo un breve extracto de lo que no deberían perderse:

Cuando el pirata Francis Drake asaltó a Riohacha, en el siglo XVI, la bisabuela de Úrsula Iguarán se asustó tanto con el toque de rebato y el estampido de los cañones, que perdió el control de los nervios y se sentó en un fogón encendido. Las quemaduras la dejaron convertida en una esposa inútil para toda la vida. No podía sentarse sino de medio lado, acomodada en cojines, y algo extraño debió quedarle en el modo de andar, porque nunca volvió a caminar en público. Renunció a toda clase de hábitos sociales obsesionada por la idea de que su cuerpo despedía un olor a chamusquina. El alba la sorprendía en el patio sin atreverse a dormir, porque soñaba que los ingleses con sus feroces perros de asalto se metían por la ventana del dormitorio y la sometían a vergonzosos tormentos con hierros al rojo vivo. Su marido, un comerciante aragonés con quien tenía dos hijos, se gastó media tienda en medicinas y entretenimientos buscando la manera de aliviar sus terrores. Por último liquidó el negocio y llevó la familia a vivir lejos del mar, en una ranchería de indios pacíficos situada en las estribaciones de la sierra, donde le construyó a su mujer un dormitorio sin ventanas para que no tuvieran por donde entrar los piratas de sus pesadillas.

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9 comentarios en “Un poco de Gabo

  1. Ah! Me gustan tus letras, pero no García Márquez, sinceramente y con todo el respeto que se merecen él y sus seguidores… me aburre. ¿Qué le vamos a hacer?

    Parece que este blog se pondrá interesante… espero a leer un poco más.

    ¡Yo pensé que eras mujer! Saludos : )

  2. Gacy:

    Es interesante como uno cambia. “Cambiar” es un verbo bastante rico en significados, claro. Pero me refiero puntualmente a los cambios de “gusto literario” (si es que algo así se puede definir). El hecho es que la primera vez que leí este libro (y, simultáneamente la primera vez que leí algo de este autor) también me aburrí horrorosamente. Y luego, más de 10 años después, me pareció formidable…
    No sé, ¿serán estados de ánimo (o afines)?
    Sin embargo hay varios autores que se incluyen en mi ecléctica lista de espera para su lectura (y otros tantos que ya leí, por cierto). Espero poder compartir las sensaciones que todos ellos me producen. También espero que los que se den una vuelta por acá hagan lo suyo…

  3. Sí, seguramente sea así, lo mismo me pasó con 1984, me lo regalaron hace año y medio aproximadamente, y apenas hace 3 mese me decidí a leerlo, pues siempre me aburría y prefería leerlo, vaya sorpresa cuando lo terminé! increíble novela, quizá después quiera volver a leer a Márquez ya menos prejuiciado.

    mmm, no sé, te invito a mi blog! jj.

  4. Nunca es lo mismo, siempre hay algo que no lo pensaste igual, no te llegó igual el mensaje, etc.. siempre se descubre algo nuevo al releer un libro tan bueno como este.

    Me leí todo lo que dejaste en mi blog, así que… muchas gracias..

  5. ¿Y si pensamos a Macondo como una metáfora de América? leerlo de esa manera le da otro sentido al texto porque pinta situaciones de nuestro continente, que ojos ajenos verían como pura ficción.

  6. Muy cierto, condesa. Por ejemplo las infinitas batallas de Aureliano en pos de la revolución. Y su tardía resignación. Tal vez para el lector de otro continente (o del mismo pero bien al norte) resulte pura ficción las ideas políticas. Que “hagan desaparecer” a muchos y que nadie sepa nada… Eso es realismo mágico para un sueco!

  7. Lei ese libro cuando tenia 19 años, creo que volver a los clasicos (porque Cien años lo es) refresca un poco de la pantalla de Bailando.

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