Ley de los gases ideales

Ya sé.

Para aquellos (es decir, prácticamente todos) que no me conocen (como si “conocer” a alguien fuera soplar y hacer botellas, por un lado, y fundamentalmente como si especular con una relación de conocimiento en este contexto merezca el menor análisis), digo, confieso, que carezco de esa hermosa cualidad: la voluntad.

O tal vez, alguna reminiscencia de voluntad pueda sostener, pero lo que realmente me abruma es el tiempo. O mejor, el arte (que evidentemente no concurso) de administrarlo.

Puede que al margen de la voluntad y el tiempo, sean las obligaciones (eufemismo de “los otros”) lo que me paraliza.

Seguramente todo esto no sea más que escusas para adornar mi adolescencia de voluntad, con lo cual este relato pasa de circular a esférico y de tedioso a insoportable.

En fin, todo esto para transmitir un dejo de sensación que me persigue últimamente y que no se me ocurre calificar de otra forma que “PRESIÓN EMPÁTICA”. Como en este momento estoy bastante elocuente, tal vez percibiendo la inutilidad de estas cosas (y de todas en general) dada la circunstancia, quisiera explicar someramente tal neologismo (si cabe):

Nunca, sinceramente, llegué siquiera a esbozar el más mínimo pensamiento acerca de la posibilidad de que alguien pudiera mostrar interés en la maraña de ideas que transcribo en eso que llaman blog. Pero, ingresando a engrosar las filas de la comunidad virtual, tal vez en busca de alguna identidad (comportamiento digno de análisis para un Zygmunt Bauman) se me ocurrió, dadas la facilidades del posmodernismo tecnológico, incursionar por esto del post. Y, en un rapto de intensidad inusitada, escribí la módica suma de 3 (tres) entradas. Y después sobrevino el vacío de la indiferencia (mi indiferencia).

Pero, tal vez por las acometidas más o menos (más menos que más) frecuentes que realizo en blogs de culto, con intromisiones en alguna que otra discusión incluidas, y particularmente, por el hecho de que aquellas acometidas me llevaron, por caminos algo irregulares que por eso ya no recuerdo, a otros asaltos en otras páginas de gente que se convirtió en nuevos nombres en mi lista (imaginaria) de “escritores”, digo, tal vez por todo esto (suelo perderme, perdón), existen seres, tal vez esos mismos noveles escritores de mi lista, que cometieron (y lo siguen haciendo) el dulce adulterio de leerme, algunos incluso fueron más allá y han establecido un diálogo con sus respuestas.

Y resulta que he recibido varios reproches, de variado tenor (hasta de fraterno enojo: “che que pasa que no posteas” no se si de esa forma, yo lo escuche así), acerca de mi inacción sostenida este último tiempo.

Qué decir! Me siento gratamente presionado por la empatía de esta comunidad a la que, de alguna forma, ya pertenezco. Y estoy profundamente agradecido.

Por eso, no tengo otra alternativa que dejarlos, y que mi destino sea la espera. Porque nunca soporté las presiones. Y porque, en definitiva, no tengo voluntad.

Estas líneas, realizadas con una lapicera bic verde, trazo fino, sobre una servilleta elite en los resquicios dejado por la receta de pollo al vino blanco impresa sobre la misma, en caracteres algo ilegibles… (y demás detalles insustanciosos que constan en el informe de peritaje de la policía rural, afecta a los detalles propios de la burocracia provinciana), constituyen el último contacto con la realidad de …….. ………….., aparecido sin vida en un arroyo de …. ………, con una bolsa de 50 Kg de tomates atada a los pies (por lo que ha sido definido este suicido como un arrebato de impúdica ostentación, y tomado por las autoridades del INDEC como un claro ejemplo que no existe inflación generalizada).

Datos suministrados por un infiltrado en la SIDE confirman que también existiría un archivo digital de esta “confesión” que habría sido enviado por correo electrónico al capitán de “los dogos”, hecho que ha suscitado nuevos indicios en la causa, amén de infinidad de burlas homofóbicas de dudosa originalidad.

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Un comentario en “Ley de los gases ideales

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