¿Qué otra cosa es un fantasma más que una cuenta pendiente?

Pero lo cotidiano, lo necesariamente cotidiano, lo había reclamado cada vez con más fuerza, presentándole sus exigencias, hasta dejarle solamente una pequeña y amarga diversión de la que se negaba a desprenderse. De vez en cuando, cuando la luna, las mareas y el magnetismo planetario estaban todos afilados, se aventuraba, a través del tercer ojo abierto en su frente, en un extraordinario sistema de transporte que le permitía deslizarse por el aire hasta donde ella estuviera, y allí, completamente invisible, percibido sólo lo justo para ser molesto, la atormentaba como un fantasma, todo el tiempo posible, disfrutando de cada minuto que arrancaba.

Vineland, Thomas Pynchon

No sigas.

Desapareciste sólo para volver en la llovizna que mitiga el sopor de las tardes,

para decirme con cada esfera deformada en la caída que no quisiste que terminara así,

que no sabías, que no sentías, que no te animabas, que ahora sí, pero ya es tarde.

¿Y si nunca es tarde?

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9 comentarios en “¿Qué otra cosa es un fantasma más que una cuenta pendiente?

  1. Por allá en la tierra que me vio nacer les llaman aparecidos. Es curioso siempre son tremendas historias de amor y de despecho. Me han ocurrido algunas que otro día le contaré si tiene tiempo y anda con ganas de escuchar un rato. Y claro que las preguntas se acercan más que las respuestas. Seguro que nunca es tarde. ¿no le parece?

    Yo ando agobiado por los fantasmas de la realidad que me persiguen. Atrapado entre la lealtad a un amigo, la necesidad de trabajo y los fantasmas del pasado que me tironean de a ratos. Estoy sin tiempo y sufriendo. Pero como no hay remedio por hora sólo lo comparto para ahuyentar los aparecidos como cuando era niño y gritaba mis angustias. Como a los otros amigos de la lista, le cuento que por ahora también disfruto de la generosidad de Ignacio y Flopi que dejaron al cuidado de mi familia su hermosa casa campestre. En ella hace un rato reflexionaba sobre el renovado placer de la lectura en el subte.

    Adivinó, soy traqueteado y arrugado lector mientras viajo cada día hacia el trabajo. Un placer que había perdido.

    En fin, que me acordé de la libertad de los libros porqué estoy terminando uno y me toca liberarlo para que otros lo disfruten y luego me cuenten sus impresiones por Internet.

    Entonces medio aburrido a esta hora de la siesta bajo el enorme y centenario roble que me da sombra escribí un post. Si tiene tiempo, pase y lea, no es un libro son cientos…!!!
    fraterno
    js

  2. Quedé pensando en el título del post y en las palabras de José “y los fantasmas del pasado que me tironean de a ratos. Estoy sin tiempo y sufriendo.”
    Cuánto más grande debe ser el sufrimiento cuando saldar la cuenta depende de otros!

  3. “…que no sabías, que no sentías, que no te animabas, que ahora sí, pero ya es tarde. ¿Y si nunca es tarde?”
    Buenísimo, me gustó este post. Esa última frase en particular.
    ¿Tendría que leer a Pynchon no? Saludos

  4. ¡Hola ángel! Voy de casa en casa con una sonrisa: a ver con que me voy a encontar… y por ahora todo es maravilloso.
    Además de agradecerte tanto que pasaras durante mi ausencia por mi blog, tenía muchas ganas de ver en qué andabas. Leyeno a Pynchon… y como koba, digo: ¿tendré que leerlo?
    Un saludo enorme!

  5. Creo que a veces sí es tarde para algunas cosas. Y está bien así, dejar ir, entender que está acabado.

    Nada se acaba, todo encuentra su espacio.

    Abrazos grandísimos

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