El amor es un número imaginario

Complicado con los tiempos (como si existieran tantos, este es un plural algo falso, casi una expresión de deseos) sigo intercalando lecturas (nocturnas, por lo general, aunque el cuarto de clonazepam las está comprometiendo). Recientemente finalicé una novela inducida por el suplemento Ñ (sí, en ocasiones me dejo llevar por tales “recomendaciones”): La soledad de los números primos, de (un muy joven) Paolo Giordano.

En primer lugar: no sé muy bien la causa, pero desconfío de la traducción (no sé a qué viene esto, pero sinceramente es la primera impresión que experimenté ni bien pasé las primeras hojas…)


Es posible que sea una novela sobrevalorada, fundamentalmente por el extraordinario éxito de ventas en Europa. De todas maneras me atrapó, en cierto sentido.  Y acá va la crítica “mordaz”: tal vez si le extirpáramos los dos primeros capítulos sería más interesante.

Me explico (sin contar demasiado la historia): todo lo que les pasa a los protagonistas, los desencuentros, los pesares, los sufrimientos, etc. no tienen porque justificarse con lo sucedido a cada uno al principio de la novela. Es decir, en la estructura narrativa que eligió Paolo (lo menciono por el nombre, me sale del alma, al verlo tan jovencito con pinta de buen tipo, no sé…) seguramente que es fundamental, así lo decidió. Pero se me ocurre una vuelta de tuerca y a manera de impronta personal (pesimista, como no podría ser de otra manera) le mutilo el comienzo y sigo la lectura sin tenerlo en consideración (bueno, en realidad sigo con las dos lecturas en paralelo, es un buen juego).

Vamos, la vida es difícil de todos modos…




Por otro lado, debido a mi (doble) vida profesional me llegaron los guiños científicos. Realmente toman el sentido que pretende el autor (o el que yo me figuré…). Por ejemplo:

Mattia era deliberadamente muy silencioso en todos sus movimientos. Aunque sabía que el desorden del mundo no puede sino aumentar, que el ruido de fondo crecerá hasta cubrir toda señal coherente, creía que si ejecutaba con cuidado todos sus actos tendría menos culpa en esta lenta desintegración. (p. 72)

Sí. Encuentro un cierto placer (indefinible, tal vez) cuando aparecen ideas (científicas, filosóficas, whatever) con un sentido afectado, refractado por el contexto.

En síntesis: una inversión de tiempo justificada. Uno se ve reflejado en muchos de sus pasajes. Algo obvio para todos los que tuvimos ese tipo de desencuentros.

Aclaración: el título “El amor es un número imaginario” viene de un grande, Zelazny. Y podría aplicarse, casi sin restricciones, a esta obra.

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Un comentario en “El amor es un número imaginario

  1. Primero: blog renovado! Me gusta.
    Segundo: Teerminé el libro hace unos días (te aviso que a mí no me entusiasmó Ñ, sino vos); lo empecé con mucho entusiasmo y lo terminé con cierta decepción. No me sorprendieron los personajes en ningún momento, demasiado encajadas en las cordenadas que les marcó el bueno Paolo.
    El mérito del libro, me parece, está en esos hallagos que mencionás, en esos párrafos que hacen que uno detenga la lectura y se quede por un rato mirando el techo.
    También agrego que es un libro muy ágil, se lee casi como un folletín, lo que no es poca cosa en tiempos de lecturas morosas. La historia entretiene.
    Para pasar el rato, y después olvidar.

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