Tres novelas imprescindibles (1 de 3)

Justificar una afinidad por un autor o una obra en particular es, supongo, todo un género literario.  No es crítica (no la podría sostener ante cualquier argumento medianamente bien esgrimido). Así que mis recomendaciones basadas en la lista sábana de lecturas 2009 son totalmente subjetivas (y hasta sentimentales). Elijo tres novelas que realmente me impactaron. Impactar en este contexto se puede resumir en algunas características:

  1. Complejidad narrativa (lectura desafiante): se necesita un plus de concentración, un pacto de continuidad que exige un esfuerzo, a veces rayando lo injustificado. Por lo general, para sostener una lectura de este tipo es necesario diluir con alguna pieza de ciencia ficción o policial duro.
  2. Estimulación de la curiosidad (lectura palimpsesto): la tan mentada hipertextualiad, los múltiples sentidos escondidos en diversas capas del discurso del narrador (sumado a tantos otros añadidos por el lector). Este punto es peligroso: se invierte mucho tiempo en búsquedas a la google, por lo general sustraído a actividades laborales, en el afán de completar círculos que tal vez nunca se pensaron cerrados.
  3. Belleza (lectura erótica): simplemente eso que produce la lectura de una frase perfecta (a veces un párrafo extenso): placer.

La novela que abre este comentario interminable es “V.” de Thomas Pynchon (en edición de Tusquets, colección Fábula, 2008).

Y comienzo renegando de la posibilidad de resumir la “idea”, “trama”, “argumento”, “sentido” o lo que fuere, subyacente a esta pieza de colección.

Ya saben, paranoia, postmodernismo, la muerte del relato, realismo histérico, y demás etiquetas académicas indigeribles. Todo eso y nada de eso. Pura literatura: relatos aislados que se enhebran (al final, si insistimos) en una historia. La Historia (y la absurda necesidad de dotarla de sustancia) que asoma en esa historia:

-Nada me sorprende -contestó Porcépic-. Si la historia fuese cíclica estaríamos ahora atravesando una época de decadencia ¿no es cierto? y la revolución que proyectáis no sería más que otro de sus síntomas.
-Una decadencia es una degradación, una caída -dijo Jolski-. Nosotros vamos hacia arriba.
Una decadencia -intervino Itague- es una caída de lo que es humano, y cuanto más caigamos menos humanos nos haremos. Debido a que somos menos humanos, nos desprendemos de la condición humana que hemos perdido colocándola en los objetos inanimados y en teorías abstractas.

Pág. 425

La siempre incompleta búsqueda de representación de la ambigüedad humana mediante la complejidad de la narración. Un esbozo a mano alzada del mecanismo que articula las pasiones y reacciones de personas singulares en situaciones límites o simplemente normales. Cómo no: la crítica a la sociedad (norteamericana, pero no exclusivamente) que hoy se dibuja en Los Simpson (por ejemplo, pero también en infinidad de series -norteamericanas-)…

Y todo esto (y tanto más) arrojado al papel como una suerte de lienzo salpicado por un Jackson Pollock abstinente, alcanzando momentos de trascendencia llevados al límite del lenguaje: tres palabras finales que resumen una obra:

Su descripción de ellas es una naturaleza muerta del amor, bien compuesta y sin edad: V. en el pouf, contemplando a Mélanie sobre la cama; Mélanie contemplándose a sí misma en el espejo; la imagen del espejo contemplando tal vez a V. de cuando en cuando. Sin movimiento salvo una mínima fricción. Y sin embargo, una de las soluciones para una las más antiguas paradojas del amor: soberanía simultánea y sin embargo, fusión. La dominación y la sumisión no se aplicaban; el esquema tripartito era simbólico y mutuo. V. necesitaba a su fetiche: Mélanie, un espejo, paz temporal, otra persona que contemplase cómo obtenía placer. Pues tal es el amor a sí mismos de los jóvenes cuando interviene también un aspecto social: una joven adolescente cuya existencia es tan visual que observa en un espejo a su doble; el doble se convierte en voyeur. La frustración de no poder fragmentarse en un público bastante numeroso no hace sino aumentar su excitación sexual. Necesita, al parecer, un voyeur real para contemplar la ilusión de que sus reflejos constituyen, de hecho, ese público. Con la adición de esta otra persona -multiplicada también, quizá, por los espejos- se produce la consumación: puesto que ella es también su propio doble. Es como una mujer que se viste solamente para que la miren y hablen de ella otras mujeres: los celos que en ellas despierta, los cuchicheos, la reluctante admiración son su dominio. Ellas son ella.

Pág. 430


No queda claro, quién o qué es V.

Nunca sabremos, cada uno de nosotros, quien es ella en realidad.

Nunca sabré quien sos, (en realidad).

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7 comentarios en “Tres novelas imprescindibles (1 de 3)

  1. No había visto este post.
    Fuiste más que original, no caíste en el famoso top 5.
    Bien por ese verbo para hablar de literatura: impactar. Copio el impacto y sus tres caracterísitcas y me las llevo a casa. Están buenas!
    Sigo sin leer a Pynchon, quizás este año.
    Saludos, ángel.
    Y espero, intrigada, las otras dos.

  2. Después de dos, esta es mi próxima novela de Pynchon, ya descansa encima de mi mesa, a la espera. Y leyendo tu fantástica entrada, no podré esperar mucho más a leerla. Tengo curiosidad por las otras dos que nos vas a descubrir. Y ¿ya te enteraste que en Febrero tenemos nuevo Pynchon en español? Saludos!

  3. Hubo una página anterior a ZT (Puck Paper´s)en la que Puck escribió sobre Pynchon, con el entusiasmo que lo hizo después acá.
    Recuerdo que en parte por esas ambigüedades de “V”, que tontamente le dije que no buscara más: “V” era yo.
    Varias tardes de domingo me llegaba hasta la cama por las carcajadas que él no contenía al leer a este tipo. Un gran compañero P., sigue aguardando en su estante de privilegio que H busque un párrafo recordado, marcado, para un post o solo por el placer de releerlo.

    Un abrazo

  4. Todavía no me estrené con Pynchon. Por título, la que más me llama la atención es El arcoiris de la gravedad. ¿La leíste? Y en ese caso, ¿cuál recomendás para arrancar con este autor?

    Curiosidad por saber cuáles son las otras dos novelas que vas a incluir… Saludos.

  5. Sí que leí “el arco iris…” Impresionante. Todos (bueno, la mayoría) los autoproclamados especialistas pynchoneanos recomiendan comenzar con “la subasta del lote 49”. Quizás por su (corta) extensión, quizá porque sería la novela “menos” complicada de su repertorio…
    Yo empecé por “Vineland”, de casualidad. Seguí con “el arco iris”, luego con “la subasta…” y finalmente con “V.”. Y me fue bien, digamos. Al punto de entronar a Pynchon en mi parnaso personal de escritores.
    Saludos!

    PD. Valeria: un abrazo. Me dejas sin palabras.

  6. Ya me contestaste, a Pynchon lo leíste en español. Me dan ganas de leerlo ya!
    Qué bueno que hayas terminado El arco iris…, uno de mis grandes objetivos (el otro es La broma infinita de David Foster Wallace).

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