Tres novelas imprescindibles (3 de 3)

Para vender una imagen de transgresor (no progresista:ese término está un poco erosionado en estos días) la tercer novela a mi juicio imperdible no está en la lista sábana de 2009. De hecho, hace pocos días que la terminé.

(Explicación-excusa ejecutiva: como parece ser que hay que alinearse a Irán, o por lo menos eso sugiere mi analista político preferido, por esta vez adopto el calendario Persa y hasta el mes que viene estoy en el año pasado. Todo un recurso literario esto de ridiculizar el tiempo).

El mundo según Garp me estaba tentando desde hace al menos dos años. La edición Maxi de TusQuets me mostraba la foto carné de Irving enmarcada en un verde que al fin de cuentas logró su cometido: un destello fosforescente en el anaquel “narrativa extranjera”.

Es una novela “larga” en ambos sentidos:  en el espacial, son casi 700 páginas. En lo temporal, abarca la vida de dos generaciones: Garp y su madre. Por eso, confieso, al principio (quizás hasta la página 250) me costó engancharme. Pensaba que no era el estilo de escritura que me gusta. Como soy consciente de mi incapacidad de definir cual es “el estilo de escritura que me gusta”, seguí leyendo.

(Sí puedo definir “el estilo de escritura que no me gusta” y en esos casos raramente sigo leyendo. Cuales son esos casos amerita un post aparte).

Había otra causa para darle continuidad a mi lectura: en ese momento de debilidad la trama se ponía interesante. Garp estaba crecido. Era un adolescente que estaba dispuesto a conquistar a una chica. ¿Cómo?: escribiendo. Y entonces, intercalado en la novela que relata su vida (la vida de un escritor, sabemos por la lectura de la contratapa), aparece su primer cuentoLa Pension Grillparzer“. Y eso sí que me gustó. El cuento y el recurso (poco novedoso, es cierto) de insertar historias (ficciones) en la Historia. Esto se va a repetir más adelante, cuando se mecha el primer capítulo de su obra más polémica. O cuando se relata el argumento de sus primeras dos novelas (como si de una crítica se tratara).

Pero lo que me impactó (sigo con este término tan poco feliz), lo que vale por toda la novela está, o mejor dicho no está en el capítulo llamado “Walt está resfriado”. Cuando un escritor me sorprende, me engaña, me oculta información para después reprocharme mi falta de atención, es ahí que entra en mi panteón.

Si hasta el ubicuo Fresán me da la razón (como vine a descubrir hace escasos minutos…).

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