Refringencias II (fuga a tres voces y redención)

Primera voz:

Si lo pensáramos un momento llegaríamos a la intrigante conclusión de que el tiempo no tiene sustancia.

Segunda voz:

Justamente, eso que nos separa no es el tiempo (ni siquiera es la distancia, que es otra forma más rebuscada del tiempo).


Primera voz:

Nos separa el miedo.

Segunda voz:

El pavor que nos produce saber que esa incertidumbre latente, con la que aprendimos a vivir (e incluso a justificar nuestros errores) se vuelva una certeza.

Primera voz:

Porque las certezas, en definitiva, se aceptan y, si seguimos hasta el límite este razonamiento, se terminan olvidando.

Tercera voz:

He aquí la paradoja: somos nosotros los que dotamos de sentido al tiempo: el olvido se convierte en su esencia.

 

 

Mucha gente cree que hay una correlación matemática entre el pecado, la penitencia y la redención.
A más pecado, más penitencia, y así sucesivamente. Nosotros siempre hemos sostenido que esa relación no existe. Todas las variables son independientes. Uno no hace penitencia por haber pecado, sino porque es su destino. Uno no se redime por haber hecho penitencia, sino porque sucede; o no sucede.

Thomas Pynchon, Contraluz. p 59



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