Desorganizando el tiempo (Orsai #1)

Una doceava parte del año casi no quedó registrada. Algo así como cuando venís de súper, cargado de bolsas (y con -$750 promedio) y en medio del trance organizativo ponés la caja con la docena de huevos (colorados, mejor) en la heladera y caés en la cuenta (ya por el olor, ya por el aspecto desagradable del pegote en el cartón) que un huevo ya dejó de serlo.

En una especie de rito que va perdiendo fieles a un ritmo vertiginoso, se supone que para esta época ya estaríamos abordando los típicos tópicos literario-contables: la lista de libros leídos en el ejercicio anterior (que últimamente se diversificó incluyendo películas, series, personajes destacados -en el buen sentido y en el otro también- etc.).

Pero la pereza, que le dio la teta a todos sus retoños viciosos, hoy más que nunca pide pista.

Entonces, a otra cosa: unas pequeñas reflexiones acerca de, para empezar, uno de los artículos de la revista de Orsai (cuyo segundo número está cacareando justamente en estos momentos).

Mas allá de la calidad de la revista (excelente), de la selección de su contenido (sinceramente: original) y de la (contra)estrategia de distribución (acertadísima desde el humilde punto de vista del consumidor) hay verdaderas joyas (uf! que expresión de mierda, tan trillada, tan lineal, bah la dejo igual, por algo no escribo en esa revista).

1. Esas lágrimas que te nublan la vista (y corren la tinta…):

La “crónica intempestiva” de Juan Villoro titulada Mi padre, el cartaginés. Una delicia. Un palimpsesto que esconde tras capas y capas de erudicción (filosófica, histórica, lo que se te ocurra) un sentimiento tan bien expresado (y transmitido) que, como dice Casciari en la intro, en su mejor rol de gordo espoilero, es inevitable llegar a las lágrimas.

No digo más (hay que leerla, si quieren bajen la revista entera). Sólo que Villoro escribe fenomenal (qué novedad!, lo que me trae a la memoria el siguiente interrogante: ¿cómo carajo no leí nada de este mejicano hasta este momento?):

Escribir significa desorganizar sistemáticamente una serie, el alfabeto. Del mismo modo, evocar significa desorganizar sistemáticamente el tiempo. ¿Hasta cuándo debemos hacerlo?

Juan Villoro, revista Orsai n°1 p. 28

En breve seguimos…


 

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