Vestigios (precuela 1)

Jugando al póker, en el subsuelo de un edificio en el centro de una ciudad que no puede olvidar (lo intenta, y hasta cierto punto lo logra, pero siempre vuelve).
Venía bien, al menos los montículos de fichas (separados escrupulosamente por color, por tamaño y por costumbre -en ese orden-) crecían hasta el punto de quitarle sitio al vaso de vino tan necesario. Algo sorprendente, digamos. Porque no estaba siguiendo el juego. Ni siquiera pensaba en eso.
Además el alcohol ya comenzaba a comprometer el de por sí débil estado de nervios que toda la situación significaba. Toda esa situación, extraña, compleja y desbordante, se estaba precipitando a lo de siempre: el error de cálculos.
Fue exactamente el cuarto mensaje de texto (de los últimos cinco minutos) el que catalizó el desastre (aunque, si lo vemos en perspectiva, pudo ser peor). Decía:

bueno ya me voy decime donde estas te paso a buscar estoy en el coche

O algo por el estilo. La respuesta fue:

en 5 min enfrente del negocio del negro. Ojo que estoy medio borracho.

Pero teniendo en cuenta hasta el más básico de los instintos de conservación (e incluso las leyes de la física) la respuesta correcta tendría que haber sido:

anda a cagar, a esta altura vos me apuras a mí?

Pero, gracias a que existen otros instintos, y las mentes en apariencia tan racionales se toman ciertas licencias (incluidas en las leyes de la física), las cosas siguieron la vía de la literatura (que no es otra que la del error -de cálculos-).

Sigue…

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