Esa imagen distorsionada

Caminado en diagonal, para acortar distancias (en esos tiempos cuando queríamos que todo pasara rápidamente), cruzábamos la plaza.

Viento helado, manos sudorosas, sonrisas forzadas, corazones (aun) tan blancos.

Un domingo, a la siesta. No había nadie (para disimular nuestras miradas).

Pensábamos que era el momento para mover alguna ficha y desencadenar la jugada.

Bailando juntos (torpemente) pero a cierta distancia en una fiesta a la madrugada.

Humo, calor, manos sudorosas y la razón algo perturbada.

Música fuerte, risas, charlas entreveradas y mucha gente (para disimular las miradas).

Otro chance. Una imagen que se repite. Pero que nunca conduce a nada.

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