No leas el cartel

Creo que ya se trata de un acto reflejo, una secuencia lógica de estímulos, impulsos y respuestas. El mecanismo silencioso que logra eclipsar la voluntad y la razón, amplificando el deseo.

Durante el instante cegador de un destello, el sonido de la lluvia dispara esa suma infinitesimal de texturas que son los recuerdos.

Una chica sentada en el suelo, con la mirada tan dulce como poco inocente, repite algunas frases entre dientes:

Por favor no leas el cartel
ni anuncios de ayer
no puedo esperarte hasta fin de siglo

Quiero sentir tu cuerpo acercandose
quiero encontrar un paraíso y no volver

No me asustan los desvíos, los puentes
solo quiero seguir acercándome, acercándome
puedo encontrar ese paraiso acercándome, acercándome…

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