Me llamo Matías, hace una semana que no leo… (día del lector #1)

Un descanso, un respiro, la pausa y el deleite.

La insignificante posibilidad de reescribir la historia, de transformar un mentira en otra, un poco más atenta.

Un oasis de egoísmo, dicen. Un placer que no es posible transmitir y mucho menos compartir.

Sin embargo, cuántas veces un argumento, una intriga o ese final no previsto se transforman en el más sutil de los pretextos.

Ese estímulo implacable que genera el roce de dos conciencias, de una riqueza y profundidad tan vastas como su soledad y su tristeza.

El centro de gravedad de un sentimiento incipiente, tan extraño, tan incomprensible que su simple reflejo en esos corazones blancos ciega todo indicio de soberbia.

(y entonces, tal vez, comienza otra historia, otro argumento y la misma intriga, pero con un final que nunca suele ser abierto).

Leer puede significar infinidad de cosas. 

Hoy es un (hermoso) recuerdo.

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