Consecuencias I

Un acto reflejo.

Una suerte de señal tan tenue que nace impregnada de suspicacia pero que, sin embargo, es percibida y, lentamente, altera mi (hasta ese momento dispersa) atención.

Un reflejo interior, el enloquecido y perturbador espectáculo de una multitudinaria marcha de neurotransmisores que, arengados por el cautivante y filoso discurso de un recuerdo (el aroma de alguna piel que se mezclara con las fragancias indefinidas de una primavera distante), se confabulan para construir una relación entre dos ideas que, tal vez, no sea conveniente reunir ni mucho menos combinar.

Luego, las consecuencias.

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