Montaje

Imaginemos una escena, cuidadosamente montada.

El sol se desdibuja en una caída sigilosa, cómplice. El ámbar anaranjado de su superficie se confunde, intencionadamente, con el rubor rojizo que inunda el horizonte.

Una brisa, demasiado tímida para tenerla en cuenta, intenta resaltar su presencia. Entonces el aire, algo denso hasta ese momento, interrumpe su inercia y enmarca el momento.

Por supuesto, la tarde está cayendo en sus ojos.

Las tablas de un banco, víctimas de la lluvia y del tedio, se descaman dejando entrever capas de historias olvidadas.

Una pérgola proyecta una sombra débil, deformada, sobre esas tablas y envenena aquél aire con un dulzor penetrante que anticipa el encuentro.

Ciertos momentos de indiferencia, si no se prolongan demasiado y no encubren alguna forma sutil y educada de desprecio, pueden ser alentadores. El problema reside en lograr descifrarlos, habilidad que se cultiva a lo largo de varios años para terminar de perfeccionarla cuando ya nada tiene sentido, menos aún la indiferencia ajena.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s